Abigail Bolaños.

Hace varios meses concluí la relación amorosa que más me ha costado emocionalmente. Hoy, puedo decir que estoy bien, pero extrañamente (o tal vez no tanto hablando de relaciones heterosexuales) muchas de mis amigas han estado pasando por situaciones exageradamente similares a la mía; por lo que hoy decido escribirte un poquito.

Poniéndonos en contexto, mi ruptura amorosa terminó por una infidelidad a través de Instagram (de la que yo me enteré porque seguramente hubo más antes de esa). Y dolorosamente, no me tomó realmente por sorpresa. Durante los dos años que compartimos mi ex y yo, regularmente habían cosas que no me cuadraban, siempre había actitudes de él que me hacían dudar de mi propia autoestima y seguridad.

Al inicio de la relación recuerdo perfectamente su urgencia por mantenerme lejos de su celular, lo que aumentaba mi curiosidad e incertidumbre, hasta que un día simplemente sobrepasé el límite de la privacidad y lo revisé. No hubo vuelta atrás, porque de ahí en adelante no había nada que me pudiera decir o “explicar” para que yo no sintiera la necesidad de “asegurarme de que no me era infiel”.

Con frecuencia le encontraba mensajes que no eran comprometedores, pero sí que dejaban muy claras sus intenciones de coquetear sutilmente con otras chicas, entre otras cosas de la misma índole. Con los años yo me volví más insegura, y me auto convencía de confiar en él como me pedía cada vez que discutíamos por lo mismo, ¿no es eso lo que hacen las parejas sanas?

Entonces, me preguntaba a mí misma el por qué no lo dejaba simplemente, y cuando por fin tuve el valor de hacerlo, me repetía mil veces en la cabeza la idea de perdonarlo (sin que él me hubiera pedido una disculpa). ¿A caso iba a echar a la basura todo el tiempo que estuvimos juntos? ¿qué había con todo lo que habíamos crecido codo a codo? ¿las noches de desvelo cuando nos ayudábamos mutuamente con nuestros trabajos y estudios? ¿y si tal vez yo estaba exagerando las cosas y ésta solo era una pequeña crisis que podíamos superar?

Mientras yo me inundaba en llanto preguntándome por qué no era suficiente para él, mi teléfono seguía sin recibir ningún tipo de llamada o mensaje de su parte. Y es justo ahí cuando sentimos que nos estamos perdiendo a nosotras mismas.

El sistema patriarcal en el que vivimos se ha encargado de mantener la heterosexualidad como base fundamental del mismo. Básicamente a través de este adoctrinamiento, las mujeres estamos educadas para servir y satisfacer a los hombres de nuestras vidas, priorizarlos y buscar su continua aprobación, desde nuestros actos, hasta la forma en la que lucimos. (Y si quieren después podemos profundizar en el tema, que a mí me fascina).

Así que, la manera tan pobre en la que nos “aman”, dándonos migajas emocionales y la forma en la que nosotras solemos dar todo por la relación o por “salvar” al hombre que amamos dice mucho de la fuerza de la heterosexualidad en nuestras vidas. Mientras nosotras nos entregamos devotamente -como nos han enseñado siempre-, cuando ellos deciden irse o nosotras lo hacemos, tendemos a sentimos vacías.

Ahora, la cuestión no es esperar a personas perfectas para relacionarnos sexo afectivamente, sino saber desde dónde lo queremos construir en equipo. Porque si me lo preguntan, la mayoría de los hombres no ofrecen el mínimo indispensable, es decir; respeto, comunicación, asertividad, empatía y honestidad. Y no lo hacen porque sencillamente no nos ven iguales a ellos (consciente e inconscientemente), nos ven desde la superioridad por la crianza que ellos también han llevado. Así que, evidentemente no se toman la molestia de ofrecer más, puesto que, si no resulta con una mujer, fácilmente se irán con otra que se adapte y acepte lo que él quiera ofrecer (aunque sea poco), como si fuéramos objetos de consumo.

Viviendo en un mundo por y para los hombres, nosotras tratamos de ajustarnos constantemente a lo que ellos necesitan, pienso que ya es por supervivencia. Con las migajas emocionales que nos dan nos tratamos de convencer de que son suficiente, que nosotras somos demasiado exigentes y que él -«inocente, con tantos traumas y problemas»- lo está intentando. O peor aún, los idealizamos e imaginamos que seguramente si nos esforzamos más o si “mejoramos” nuestro físico, él cambiará.

Y la aprobación masculina continúa ahí, porque por más que las mujeres que amamos nos hagan saber lo increíbles, inteligentes, bellas, divertidas y geniales que somos, no nos es suficiente, porque lo que sentimos necesitar son las palabras de un hombre diciéndonos exactamente lo mismo. ¿Por qué una palabra de ellos pesa más que todos los consuelos y amor que nos dan nuestras amigas, hermanas o madre?

Vivir en la heterosexualidad es estar consciente de que nunca seremos iguales para los hombres, para ninguno, y si no me crees empieza a cuestionar sus privilegios y verás cómo ya no es tan “open mind”. Lo mínimo indispensable es algo que como ser humano se debe cumplir, y estando en una relación sexo afectiva no debería representar un hallazgo o signo de ser el “amor verdadero”.

El ser amable, atento, darte detalles que representen lo importante que eres para él, el respeto, los actos de servicio, la fidelidad, el tiempo de calidad o la confianza, no son características que nos indiquen que sea la mejor pareja, sino que es lo mínimo indispensable como ser humano y que forzosamente debe existir de manera DEMOSTRABLE, es decir, que no quede a la imaginación o simplemente en promesas. De no ser así tal vez es momento de entender que una de las dos partes va a arrastrar con la relación.

No te voy a decir que fue fácil salir de esa relación. Ha sido un proceso muy difícil de desintoxicación, en el que siento que la vida me sonríe dándome todo lo que busco, pero también tuve días en los que me llega la nostalgia pensando en lo que fue y lo que pudo ser. Sin embargo, soy consciente de que solo son recuerdos de una versión idealizada de lo bueno que vivimos. Lo agradezco, pero no quiero estar ahí nunca más.

Estoy segura de que merecemos más que lo mínimo indispensable, y tras una ruptura solo buscamos “volver a sentir algo”, recibir mensajes, aceptación, volvemos a buscar su aprobación; pero te aseguro que el refugio lo puedes encontrar en el abrazo de tu mamá, en esas noches tomando vino entre risas y llanto con tus amigas, o en el café por la mañana con tu hermana. Te prometo que el amor entre mujeres sana y que si encontraste el valor para soltar (aunque a veces quieras volver, pero sabes que ahí no es) vas a encontrar el valor para retomar tu camino.

Eres fuerte, valiente y valiosa.

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Abigail Bolaños
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Activista, fundadora de Mujer Activa, entérate mujer. Comunicadora, escritora y estudiosa de la teoría feminista. 

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Abigail Bolaños

Activista, fundadora de Mujer Activa, entérate mujer. Comunicadora, escritora y estudiosa de la teoría feminista. 

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