Cuando llega diciembre casi siempre pensamos en luces, arbolito de navidad, regalos, nuestra comida favorita, etc. que tiende a estar relacionada con recuerdos y sensaciones agradables, sin embargo, generalmente esto trae consigo una carga significativa de trabajo emocional, organización y logística que recae de manera desproporcionada en las mujeres, factor que desafortunadamente no llega a ser cuestionado ni tomado en cuenta. 

En esta cultura, las mujeres seguimos siendo vistas como las principales encargadas del cuidado emocional y de la organización familiar. Este mandato social se intensifica durante la época navideña, donde se espera que seamos nosotras quienes planifiquemos cenas, coordinemos encuentros familiares, compremos regalos, logrando mantener un ambiente alegre y festivo. Estas labores, aunque por encima parecen triviales, conllevan una gran carga emocional, física y cognitiva. 

Detrás de cada mesa servida hay una mujer que planificó los gastos, que hizo filas, que se preocupó por no olvidar a nadie, que cocinó durante horas, que limpió después. Detrás de cada fiesta de oficina hay trabajadoras que coordinaron la logística, buscaron el salón, decoraron, hicieron rifas, recordatorios y agradecimientos, mientras sus compañeros solo aparecen para “brindar”. Cuando llega diciembre casi siempre pensamos en luces, arbolito de navidad, regalos, nuestra comida favorita, etc. que tiende a estar relacionada con recuerdos y sensaciones agradables, sin embargo, generalmente esto trae consigo una carga significativa de trabajo emocional, organización y logística que recae de manera desproporcionada en las mujeres, factor que desafortunadamente no llega a ser cuestionado ni tomado en cuenta. 

En esta cultura, las mujeres seguimos siendo vistas como las principales encargadas del cuidado emocional y de la organización familiar. Este mandato social se intensifica durante la época navideña, donde se espera que seamos nosotras quienes planifiquemos cenas, coordinemos encuentros familiares, compremos regalos, logrando mantener un ambiente alegre y festivo. Estas labores, aunque por encima parecen triviales, conllevan una gran carga emocional, física y cognitiva. 

Detrás de cada mesa servida hay una mujer que planificó los gastos, que hizo filas, que se preocupó por no olvidar a nadie, que cocinó durante horas, que limpió después. Detrás de cada fiesta de oficina hay trabajadoras que coordinaron la logística, buscaron el salón, decoraron, hicieron rifas, recordatorios y agradecimientos, mientras sus compañeros solo aparecen para “brindar”. 

Dicho esto, diversas autoras feministas no se han quedado atrás para discutir, estudiar y cuestionar sobre dichas tareas que “casualmente” solo se han designado a nosotras, nombrandolo “trabajo invisible”. Edith Ortiz Romero (2022) lo define como “tareas domésticas y de cuidados que a pesar de ser indispensables para el sostenimiento de la vida no se dimensionan como tal en la esfera pública. Puesto que se realizan dentro del espacio privado permanecen ocultas y, al obtenerse de manera gratuita, se desvalorizan.”, por lo tanto, durante esta época existe una carga de trabajo extra que nadie logra reconocer. El concepto de «trabajo invisible» ayuda a explicar esta dinámica. Las mujeres no solo ejecutan tareas físicas, sino también gestionan el trabajo mental de planificar, prever y asegurarse de que tanto familiares y amistades estén cómodos y satisfechos. 

La división sexual del trabajo es lo que genera una sobrecarga de responsabilidades durante todo el año, pero principalmente durante días festivos. Este modelo no solamente nos asigna labores de acuerdo a nuestro sexo, sino que, invisibiliza el valor social y económico de estas actividades. Silvia Federici (2004) explica;

“De este modo… La división sexual del trabajo fue, sobre todo, una relación de poder, una división dentro de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo que un inmenso impulso a la acumulación capitalista”. 

Por otro lado, la parte de las labores no es lo único, en México un grupo que enfrenta retos particulares durante la Navidad son las madres autónomas, quienes asumen la responsabilidad total de mantener vivas las tradiciones navideñas para sus hijas e hijos. En muchos casos, son ellas quienes además de las tareas cotidianas, se encargan de organizar la llegada de Santa Claus, Reyes Magos, etc. incluyendo la elección, compra y envoltura de los regalos. Este esfuerzo, aunque realizado con amor y dedicación, puede resultar agotador al no contar con redes de apoyo o compartir dichas responsabilidades.

La dualidad entre garantizar la magia de la Navidad y lidiar con las limitaciones emocionales, económicas y de tiempo puede convertirse en una fuente de estrés significativo. 

En México, las mujeres asumen una parte significativa de las responsabilidades durante la temporada navideña. Según una encuesta reciente, el 65% de las decisiones de compra para estas festividades son tomadas por mujeres (El Economista, 2024). Además, de los 38 millones de madres en México, aproximadamente el 11% son autónomas, lo que equivale a alrededor de 4.18 millones de mujeres. De ellas, siete de cada diez son económicamente activas, y el 97% se encuentran ocupadas en alguna actividad laboral (El Financiero, 2023). Estas cifras reflejan la carga adicional que las mujeres, especialmente las madres autónomas, asumen durante las celebraciones navideñas, mientras intentan equilibrar expectativas sociales y familiares con sus responsabilidades laborales, personales y de autocuidado. 

El capitalismo y el patriarcado han hecho de la Navidad un laboratorio de explotación emocional. Por un lado, el capital se beneficia del consumo “navideño”, porque son las mujeres quienes compran, planean y gestionan. Por otro, el patriarcado refuerza la idea de que “buena mujer” es quien cuida de todos y hace posible cada reunión familiar.

Así, lo que se presenta como una época de amor y unión termina siendo una temporada de sobrecarga, deuda, ansiedad y silencio. Y si las cosas “salen bien”, el mérito no es suyo, sino del “espíritu navideño”. 

Desde una psicología con perspectiva feminista, sabemos que el peso emocional de diciembre recae principalmente sobre las mujeres. Es decir, hablamos de que no solamente es trabajo “doméstico” sino emocional, organizativo y relacional. La expectativa patriarcal de que “la mujer es quien cuida, reúne y hace familia” se vuelve más intensa en estas fechas. En este sentido, desde lo simbólico, el patriarcado usa la Navidad para reforzar la idea de que las mujeres existen para sostener vínculos, cuidar emociones y garantizar armonía. 

No obstante, el desgaste de la época y las consecuencias que esto puede generar no debería subestimarse. La sobrecarga de responsabilidades y la falta de reconocimiento pueden llevar a niveles importantes de estrés y ansiedad. Así que, ¿cuál es la propuesta? 

Algunas preguntas que pueden ayudarte a reconocerlo son: ¿en qué actividades participo más/menos?, ¿Quiénes regularmente se encargan de preparar la cena?, ¿Quién regularmente hace las compras?, ¿Cómo puedo involucrarme este año (de acuerdo a mis posibilidades y contextos)?. 

El cuidado y la organización no deben ser vistos como una obligación inherente a las mujeres, sino como un compromiso compartido. 

Evalúa costos, tiempo, energía, espacio y deseo. No tienes que sostener sola la armonía familiar ni convertirte en “la que resuelve todo”. Cuidar de ti implica poner límites; cómo decir “no puedo” o “no quiero” cuando algo sobrepasa tus posibilidades.

Preguntas clave: ¿Cómo puedo participar sin que implique autosacrificio?, ¿Cómo puedo disfrutar sin agotarme?, ¿Qué necesito para estar presente desde el bienestar y no desde la exigencia?

La organización de lo que implica esta época del año puede ser más placentera si se hace en colectivo, ameniza el ambiente y fortalece los vínculos.

Puedes decidir celebrar de forma más sencilla, ecológica, simbólica o colectiva. Lo importante no es mantener la tradición intacta, sino que la celebración refleje tus valores y bienestar. 

Los análisis feministas en estos contextos son cruciales para seguir cuestionando las expectativas que el patriarcado ha impuesto sobre quién cuida, quién organiza, quién sostiene los vínculos y a qué costo.

Porque incluso en las festividades se reproducen los mandatos de género que nos piden entregarlo todo con una sonrisa, postergar el descanso y hacer que la armonía familiar dependa de nuestro esfuerzo emocional. 

Por eso, las fechas decembrinas no pueden quedar fuera de la reflexión feminista. Pensarlas políticamente nos permite no solo visibilizar la desigualdad que las atraviesa, sino también imaginar otras formas de celebrar, donde el bienestar, el cuidado y la alegría sean compartidos. Donde la fiesta no se sostenga en el sacrificio de las mujeres, sino en la cooperación, la ternura y la justicia cotidiana. 

Si alguna Navidad fue inolvidable para ti, recuerda: seguramente fue porque una o varias mujeres lo hicieron posible. 

Referencias 

Ortiz, Edith. (12 de octubre de 2022). Trabajo invisible: una deuda de tiempo. Centro de Investigaciones y Estudios de Género UNAM. 

El Economista. (2024). Familias mexicanas gastarán 20% más que el año pasado en celebraciones de Navidad. Recuperado de: https://www.eleconomista.com.mx/empresas/familias-mexicanas-gastaran-20-ano-pasado-c elebraciones-navidad-20241218-738920.html 

El Financiero. (2023). Día de las madres: ¿Cuántas madres solteras hay en México? Recuperado de: https://www.elfinanciero.com.mx/economia/2023/05/08/dia-de-las-madres-10-de-mayo-cuant as-madres-solteras-hay-en-mexico 

Federici, Silvia. (2004). Calibán y la Bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños. Recuperado de https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Caliban%20y%20la%20bruja-TdS.pdf

Acerca del autor

Valeria Rocha
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Psicóloga y Terapeuta de Esquemas con experiencia en la práctica clínica, educativa y social, especializada en bienestar integral de las mujeres desde una mirada feminista. He impartido cursos de sexualidad y gestión emocional en México y Santiago de Chile. Articulista y tallerista en Entérate Mujer. Actualmente acompaño a mujeres en sus procesos de crecimiento y sanación a través de consultas virtuales.

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Psicóloga y Terapeuta de Esquemas con experiencia en la práctica clínica, educativa y social, especializada en bienestar integral de las mujeres desde una mirada feminista. He impartido cursos de sexualidad y gestión emocional en México y Santiago de Chile. Articulista y tallerista en Entérate Mujer. Actualmente acompaño a mujeres en sus procesos de crecimiento y sanación a través de consultas virtuales.

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